La esclavitud en la memoria histórica

En el período colonial, todas las potencias europeas se lucraron de la trata de esclavos: España, Portugal, Francia, Inglaterra, Holanda y hasta Dinamarca. Era el tráfico trasatlántico: en Africa “compraban” seres humanos cautivos, para transportarlos y utilizar su trabajo en las minas y plantíos del Nuevo Mundo.

Mural en Bluefields, Nicaragua.

 

La Independencia de las colonias americanas de las monarquías europeas, en el siglo XIX, no significó la libertad para los esclavos; esta llegó muchos años después. Sus descendientes todavía pueblan por millones las costas del Caribe y del Pacífico, las islas y las selvas: en las Guyanas, Brasil y Colombia, Ecuador y Perú, toda la costa este de América Central, todas las Antillas mayores y menores.

 

A siglo y medio de la “emancipación” o abolición formal de la esclavitud, los pueblos Afro-descendientes – así como los pueblos indígenas – aun están sometidos a la expropiación, explotación y violencia. La violencia los sigue expulsando de sus territorios tradicionales. Los beneficiados son los centros financieros de Amsterdam, Londres, Bogotá, Panamá, Lima, Madrid. Porque se trata de los principales productos del comercio mundial: materias primas, bananos, soya, palma, cacao, oro, diamantes….

Y viven en las grandes ciudades, las capitales donde continúa la discriminación social y laboral, así como en los mismos países Europeos que un día conquistaban continentes, a formar sólidas minorías culturales que a su vez, quieren manifestarse y hacer escuchar su voz y su versión de la historia.

En las ciudades del Norte, como Londres o París, la conmemoración del período esclavista implica varios dilemas. Se trata de honrar a los antepasados y de llorar por ellos, así como de celebrar el valor de la vida y la libertad. Pero también de denunciar la discriminación que aún subsiste, el racismo, la xenofobia, y la situación de los migrantes de hoy, igualmente despojados de sus derechos.

 

Exposición «The Black Archives», Amsterdam

 

Numerosas organizaciones y movimientos se esfuerzan por mostrar “la otra cara de la historia” y de las glorias exhibidas a los turistas. En Amsterdam, se erigió en 2002 el Monumento nacional donde anualmente se reúnen miles de personas a conmemorar y a celebrar en el festival del Keti Koti o “Cadenas Rotas”. Y se buscan otras estrategias de visibilidad a través de la educación, la comunicación y la propuesta de un Museo Nacional sobre la Esclavitud y sus secuelas, para el cual el Municipio de Amsterdam ya estudia la factibilidad. En Londres, ya existe la exposición permanente en el Docklands Museum, situado sobre los antiguos muelles coloniales del Támesis, que ilustra claramente el papel de la trata y explotación de esclavos para la formación del Imperio Británico.

Museo Docklands, Londres

 

La temática de gran actualidad cultural, mediática y política, tiene que ver con cómo construir la sociedad multicultural del siglo XXI, y ejercer el derecho a la diversidad.

LASO investiga y participa en este debate, documenta el proceso, y busca crear vínculos entre investigadores, organizaciones e instituciones de diferentes países que trabajan en esta larga “Historia Compartida”.